I
No había dormido bien. Sentía una inmensa frustración que me oprimía el pecho. Y sabía muy bien la razón.
El Trompa.
Tenía que enfrentarlo de una vez por todas. Tenía que enfrentarlo y decirle unas cuantas verdades.
Me levanté de la cama y fui al baño.
Lo de ayer había sido la gota que rebalsó el vaso. Ya estaba cansado del mal trato.
Desayuné un café con leche mientras escuchaba el tema de amor de Cinema Paradiso. La mayoría de las veces es una música que me relaja, pero hoy no pareció cumplir su efecto terapéutico. Vestido a las apuradas, salí a la calle y caminé las dos cuadras hasta la parada del bondi.
¡Claro que si!, seguí dándome manija.¿Quién se creía que era? Por más Trompa que fuera, no me iba a dejar basurear, de ninguna manera.
Subí al colectivo repleto, saqué el boleto, y encaré para el fondo. Una mina me miró mal cuando, sin querer, le toqué el culo.
-Perdón- le dije.
La mina me siguió mirando con cara de ojete.
Andate a la mierda, pensé.
¡Eso! La acumulación de bronca no iba a dejar que a último momento me achicara.
Bajé del colectivo. Me dejó muy lejos de la vereda y por poco me atropella un auto.
-¡Pelotudo!- le grito al coche que se aleja.
La bronca era un ser vivo dentro de mí, ocupando cada molécula de mi cuerpo.
Mejor que hoy el Trompa no se haga el loco, porque se pudre todo.
Llegué al laburo. Oscar me abrió la reja.
-Que caripela traemos hoy, che.
-No me jodas, que ando caliente.
-¿Qué te pasa?- preguntó Oscar. Pero le bastó una mirada a mis ojos para saberlo-¿Otra vez el Trompa?
-Ya me tiene los huevos llenos. Hoy vamos a hablar él y yo.
-Tené cuidado. Acordate lo que le hizo al Danielito.
La imagen de Daniel, con el rostro crispado y llorando, se me presentó vívidamente ante mis ojos. Danielito, después de ese día, ya no volvió a ser el mismo. Ahora iba siempre con la cabeza baja y murmurando solo.
-Le conviene que conmigo no se haga el vivo- le dije a Oscar. Quise que sonara a amenaza, pero la voz me salió entrecortada.
-No te pongas loco al pedo. Vos sabés como es el Trompa. Tomatelo con filosofía y no hagas bardo.
-Nos vemos después, Oscar- saludé.


